Descripción del Arcano
- Un diablo eleva una mano abierta y en la otra sostiene una espada
- Un diablo se encuentra encima de una especie de altar
- Al nivel del piso se encuentran dos demonios menores, uno femenino y otro masculino atados o encadenados de su cuello al altar
- Al parecer tienen atadas sus manos por detrás
- En el Tarot de Rider, la mujer-demonio tiene al final de la cola, uvas y el hombre-demonio la cola está encendida. A diferencia del de Marsella, aquí el diablo tiene una tea en la mano en lugar de la espada, y al parecer está encendiendo la cola del hombre-demonio
Interpretaciones libres
El Diablo se asocia con el virus, con el yo imaginario, con el punto. El ángel maligno «mitad hombre, mitad bestia» representa el lado oscuro de nosotros mismos, la inconsciencia, el egocentrismo y la falsa autonomía. La astucia principal que emplea, basada en su condición adimensional en la figura, consiste en convencernos de que no existe. La infección del cuerpo, la manipulación de la mente y la posesión del alma son sus armas más frecuentes en la lucha contra el bien. Su tarea consiste en expandir al máximo el principio de corrupción incluso hasta el límite de la autodestrucción. Con ello intenta captar para sí la dimensión que le falta.
Mensaje del Arcano
El Diablo representa las cadenas que nosotros mismos nos colocamos: adicciones, apegos destructivos, patrones de comportamiento autodestructivos y creencias limitantes que nos mantienen prisioneros. La imagen de las figuras encadenadas al pedestal del Diablo es profundamente reveladora: si observamos con atención, las cadenas son lo suficientemente flojas como para que puedan liberarse en cualquier momento. El verdadero poder del Diablo no radica en su fuerza, sino en nuestra creencia de que no podemos escapar.
Este arcano nos enseña sobre el poder de la ilusión y el autoengaño. Nos muestra cómo a menudo elegimos permanecer en situaciones tóxicas, relaciones dañinas o hábitos destructivos porque lo conocido, aunque doloroso, nos da una falsa sensación de seguridad. El Diablo es el maestro de la racionalización, convenciéndonos de que no tenemos otra opción, de que somos víctimas de las circunstancias, de que nuestra prisión es inevitable.
Sin embargo, El Diablo también nos ofrece una enseñanza liberadora: el reconocimiento es el primer paso hacia la libertad. Cuando admitimos que estamos encadenados, cuando reconocemos nuestras sombras y adicciones sin juzgarnos destructivamente, cuando dejamos de culpar a otros y asumimos nuestra responsabilidad, las cadenas comienzan a aflojarse. El Diablo nos recuerda que el poder que le hemos dado puede ser reclamado en cualquier momento mediante la toma de consciencia y la decisión firme de liberarnos.
Su lectura es la siguiente:
- El Diablo manifiesta el destino (bueno o malo). Poder de seducción, impulso ciego, tentación, obsesión. Desviación sexual. Un estado mental confesional. Las pasiones carnales descontroladas
- Posición invertida: Carta dañina, fatalidad, mal uso de la fuerza. Debilidad, ceguera, desorden. Efectos maléficos. La patética condición humana que prefiere la ilusión a la verdad




















